Anoche paseé solitario por la ciudad. Vagué por las calles de adustos y extraños edificios. No era bien recibido, cualquier mirada que se fijó en mi sombra resultó hostil: el novedoso despecho que aquellas calles conocidas me brindaban. No es de extrañar. Había roto con todo, con los de siempre y con los que debían llegar en breves, eran ese tipo de personas que hacían que me asquease cada mañana al ver mi reflejo en el espejo. Me había cansado de toda aquella parafernalia, los continuos excesos y aquella hipocresía de los que se creen intocables. Me hartaron sus orgías, el consumo de cristal y la indiferencia, el venirse a menos y la decrepitud diurnos. Eran alimañas nocturnas.
Pero anoche regresé. Me sentía bien con la nueva identidad que me había forjado. Ya no pertenecía a su bando, pero tampoco a ningún otro. Mi actitud zafia me ayuda a mantenerme alejado de quien no me interese conocer, de esos constantes intentos de persona que creen poder interesarme con cualquier bazofia. Sé que rezuma petulancia todo esto, pero es mi única protección: no quiero volver a encerrarme.
-Rehab-
-Rehab-
Que proyectosa mirada tienes al plasmar tu vida y tus sentimientos, creo que me inspire al degustar tu lectura y ahora me sentare frente al piano y te recordare....
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