Hay que ser infiel, pero nunca desleal.

___________________________

Gabriel García Márquez.



sábado, 20 de agosto de 2011

Tarragona rules.

El aire fresco de la noche entrando a ratos por la ventanilla mientras recorremos las tres horas y poco más de trayecto, Fito y Kase-O, Ska-p y Rapsusklei, canciones de antaño y preferencias encontradas... Tu voz y la mía cantando a solas y no que me acordé de ti. Llegar a Salou y aspirar la brisa marina y todo su bochorno de medianoche. La fiesta guiri aún dormita por las calles, es pronto.Y la luna del coche que se llena de mierda húmeda, entre el fresquito del aire acondicionado y la sauna que resulta la calle.
Llegar al hotel, con más ganas de cama que de beber, pero la garganta pide a gritos un poquito de cervecita fresca. ¡Milagro, hay mini-bar, a precio de consumición andorrana en garito de amigos! Vamos desvalijando con cautela su interior. Ver un poquito más del final de la saga Matrix y empezar a jugar con muchas ganas antes de caer dormidos y exhaustos sobre las sábanas blancas.
Despertar a las dos-y-media-p.m. porque la de la limpieza se ha cansado de entrar y encontrarnos dormidos impidiendo su labor -aún esperamos que limpien la habitación para dormir, ya no hace falta-. Dar tumbos por Salou buscando a tu hermana, que dónde iba a estar si no era en casa, comiendo tranquila y con el aire acondicionado. 
Acercarnos a su apartamento, y el vínculo materno establecido hace veitidos-años-y-pico sin romperse te llama a esa hora, y no a otra, a esa calle, donde ves a la gran mujer que te ha dado la vida. Cachondeo y solecito, su moreno y nuestra palidez extrema, subid-subid, subimos-subimos, y ahí nos quedamos sin darnos cuenta toda la tarde y noche, derrota-victoria con hamburguesas caseras y cubatas italianos sin chupitos gratis, nos han timado con la oferta.
Bailar y observar cómo bailan, beber y llegar al parking donde deberíamos haber dejado el coche, como bien nos decían, pero cargar maletas por esas calles de Salou es pecado y es más cómodo aparcar cerca del hotel, donde estacionan durante el día los contenedores y está señalizado de forma penosa.
 Arrumacos y palabras tiernas, que nos mecen poco a poco en cama hasta caer rendidos, sufriendo por lo poco que vamos a dormir... ¡si ese fuese nuestro mayor problema, por satisfechos nos dábamos!
Despertar de mala hostia y cansados, ¡qué inocentes aún! Recoger y pagar, gracias-gracias, adiós-adiós, vuelvan pronto-sí, sí, sí... ¿Dónde está el coche? Pegatina roja con muy mala pinta, obviously. Recorrer calles de Salou y adueñarnos de un taxi, perder unas cuantas horas a lo tonto con la tontería, encabronarnos más para al fin sonreír y estar tranquilos una vez volvemos a casa de mamá-suegra, ¡qué encanto! Es imposible enfadarse con ella al lado.
Nos calma y nos deja la cocina a nuestra disposición y a la de Casa Tarradellas -sin cebolla, por favor- cuando va hacia la otra punta de Salou a disfrutar del solecito en la playa, ante el cual apenas nos hemos dejado ver. Solarium-solarium, subimos y a la ducha de cabeza, hamacas, charlar y reirnos, cantar, aguantar apenas una hora ahí arriba y bajar a la piscina. Disfrutar como una chiquilla del agua, recordar mis viejos tiempos de nadadora de pseudo-élite hasta que los libros y los vicios pudieron con esa afición mientras tú me explicas tus años más mozos en esos mismos apartamentos, lo diferente que era todo, lo vacío que se ha ido quedando, no hay color.
Subir de nuevo y reencontrarnos a los minutos con tu madre en el apartamento, seguir hablando horas y horas, como la tarde anterior, ¡cómo me encanta esta mujer! Ir preparándonos para decir adiós, no sin atar cabos sueltos por el apartamento ni dejar planes abiertos para el futuro, cercano y no tan cercano.
Despedirnos de Salou, de la fugacidad de la visita, de lo rápido que han corrido estas dos semanas las horas y anhelar unos minutos más, con Salou o sin él, pero dormir una noche más juntos -que parece ser misión imposible-, salir del olor a mar y empezar a surcar montañas con apuros encontrando la dirección correcta, cantando, riendo, taciturna concentración puntual... un cóctel de momentos variopintos con el que brindar a nuestra salud.









1 comentario:

  1. Respondiendo a tu pregunta, sí, me fui a un piso! Pero antes no estaba en otro, sino en un Colegio Mayor :) Me fui con unas amigas que conocí allí para ahorrar un poco de pasta y pasar página. Y bueno, espero llevar lo mejor posible la convivencia!! :) Porqué amor-odio con Barcelona si es fantástica? :)

    ResponderEliminar

Susúrrame tus verdades...