Hay que ser infiel, pero nunca desleal.

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Gabriel García Márquez.



sábado, 26 de enero de 2013

voyeurPLUSexhibicionismo


SELF-PORTRAIT.

Escribe sobre el vaho del cristal un mensaje optimista, firmado por Charles Chaplin. En el edificio de enfrente la ventana sigue mostrándose vacía.

Decide salir a la calle a pasear su tristeza, a empapar su espíritu de cosas que en otra época le hicieron sonreír. La mañana es tranquila y se decanta por entrar a la Boquería, donde seguramente encontrará más bullicio, voces que apacigüen el tormento que le suponen sus ideas.

Deambula por las diferentes paradas, sin hablar con nadie, dejando que los colores y los aromas impregnen los recovecos de su desvalijado interior, maravillándose con las formas y las texturas, tocando con cuidado cuanto le queda a mano... Rehuyendo, eso sí, las miradas inquisidoras de algunos vendedores. Parece ser que no comprar y quedarse varios minutos en sus puestos curioseando no se puede considerar políticamente correcto. Son ese tipo de protocolos sociales que nunca ha entendido.

Sus labios, inevitablemente, sonríen al recordarle, reconstruyendo mentalmente situaciones con él vividas, su garbo al criticar encubiertamente a quienes intentaban imponerle esa forma de vida tan controlada e insípida, automática.

Siente una punzada de dolor con esa inoportuna reaparición de lo que acabó. Se dirige a la frutería y compra una manzana Fuji, la más carnosa de la montaña de frutos, mientras nota que una sensación extraña sube desde su entrepierna y se ahoga a la altura de su garganta. TIENE QUE VOLVER A CASA.

Con los ojos anegados en lágrimas va comiendo su manzana de regreso a casa. A pocos pasos de su portal, descubre una nueva tienda de disfraces extravagantes, a caballo entre lo pueril y lo exageradamente obsceno. La manzana rueda calle abajo sobre sus huesos mientras ella entra, aún sin saber muy bien por qué, en ese estado de ánimo, se ha excitado tanto con la ocurrencia.

Puntualmente, a las nueve y treinta y dos, la sorprende con el disfraz haciendo a un lado las cortinas. Ya sabe de antemano su preferencia a ser ignorado.

Se estira en el sofá como casi cada noche e introduce su mano bajo las braguitas, siguiendo la escenografía sin opción a la improvisación, sorprendiéndose a sí misma al descubrir que, una vez más, ese teatro la excita y consigue humedecerlo todo sabiéndose observada.

FEED ME, PLEASE!
A las once se siente exhausta disfrutando de las últimas oleadas de placer que recorren su cuerpo. A diferencia de las otras veces, hoy no encuentra el coraje suficiente para comprobar si sigue ahí, si la estará mirando.

Se gira sobre sus costillas para encarar el estampado neutro del sofá, esperando que llegue el sueño mientras siente que una mirada, a través del cristal, acaricia su muslo...


1 comentario:

  1. Nunca escribo para los demás , como todos, supongo , que para salir un ratito de mi o encontrarme . Aún así gracias por leerme y haberme dejado un saludo ;) te leo !

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Susúrrame tus verdades...