Aquí estoy.
Acabo de arrancar las hojas con las cuentas del más que precario mes que queda,
decidida a escribir.
Siento el frío en mis piernas. Me autoengaño pensando que me gusta cuidar la circulación: mis gatos apestan y la manta queda muy lejos, casi tanto como tu cuerpo. (Maldita sea, borrón).
Estoy decidida a escribir(te).
¡Fuera! Empiezo de nuevo.
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| Henrik Aa. Uldalen |
Me pregunto si aún recuerdas cuál es mi estación favorita y la ironía de mi tristeza. Será que aún parece sólo invierno con este frío. Un entretiempo demasiado crudo para considerarlo otoño. Estoy observando las luces de la ciudad a mis pies, como bien incitan a hacer The View, pero ni eso me consuela. Qué hermosa visión, pero me falta:
- Tu boca a la altura de mi nuca al dormir.
- El fuego en los árboles (sin necesidad de flamboyans).
- Toulouse.
- Una cerveza de Tokyo.
- Más café.
- Tu egocentrismo.
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| Jennifer Cronin |
Porque sí, tenías razón (en parte). A ratos me siento sola, qué
estupidez. Y como vaticinabas me acuerdo de ti, pero aún quiero tenerte
lejos. Esta noche tampoco voy a llamarte. Oliveira, Rocamadour y la Maga
han venido a cenar. Y yo estoy lamiendo tinta mientras te escribo. Me
escribo. Nos cuento:
Que hubo épocas mejores.
Que hay besos que me llaman.
Que a ti la sangre te hierve cuando no contesto tus llamadas.
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| Kenichi Hoshine |
Y créeme, no lo hago intencionadamente. Aunque cada vez me sabe un poco menos mal y me sale mejor eso de llamarte para saber cómo estás, sin necesidad de verte.
(Parece que el experimento no está saliendo tan mal. ¿Sigo?)
Lua acaba de saltar del sofá, como si mi propio ego, ahora, hubiese ocupado más de lo que debiera en este inestable sofá y no cupiera nadie (nada) más. Así que voy a confesarte:
- Que hasta que acabo adivinando de dónde viene algún ruido extraño, pienso en llamarte,
para que me calme una voz amiga.
- Sí, amiga (lo dicho, cada vez me cuesta menos).
Luca Crocicchi
Pero tardo tanto en decidirme, que doy tiempo a que mis sentidos procesen correctamente los estímulos. Y la respuesta correcta siempre está ahí, como en los crucigramas. Aunque sin cerveza.
Qué sé yo. Mañana suspiro, y en la oficina saltan los rumores. Como si la gente creyese saber más que yo al respecto de algo de lo que no tengo constancia -propia, al menos; en los demás intuyo indicios de una verdad inventada-. Conjeturas varias. Me explico: "Preguntas dispares y aparente trivialidad. Ante mi cara de estupefacción, desvío brusco en el tema sacado a relucir maquillándolo con otras verdades en relación y encaminando esa sugerencia hacia un estado más neutro." Resumo: sonrisa al sacar el tema; desvío de la mirada hacia la pared hasta que esconde la indirecta que quería soltar y que me ha escandalizado. Y aunque yo haya seguido con el teatro, algo me ha quedado claro: estoy en el punto de mira. Y eso, no me ha gustado.
P.S.: Deduzco que no has entendido nada, aunque sólo tú tienes toda la información necesaria
[¿He dicho toda? Casi. Casi toda, digo.]
para hacerlo.
Así que sí, tenías razón, me acuerdo de ti.
Pero no te he llamado. Ni he buscado tu compañía.
Me ha bastado con enlazar palabras sin sentido. Con escribir(te), corrijo.




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Susúrrame tus verdades...