Hay que ser infiel, pero nunca desleal.

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Gabriel García Márquez.



lunes, 30 de septiembre de 2013

Bajo mis bragas.


Siempre con ganas de volver, de no alejarme demasiado de tus calles, de tu piso. De ti.

Como otras veces, corriendo dispar a contra-suerte, deseando a la vez poner kilómetros de por medio, queriendo respirar otro aire que no esté tan viciado de tus pulmones -por si pesa menos-.

De nuevo, con ganas de tocarme a solas, pero recordándote. Sin poder olerte ni palparte, tan sólo disfrutar de tu ficticia compañía. Tener tus dedos metafísicos hurgando bajo mis bragas. Besar tu oído mis gemidos en la distancia...

Qué raro resulta todo: con desdenes si te tengo cerca y deseándote si no voy a encontrarte bajo mis sábanas.

Buscarte en la oscuridad de mi cuarto, compartido tantas otras noches... y no hallarte. Recorrer mi piso a tientas, intentando palpar tu cuerpo tras las paredes y descubrirme sola. Otra vez. 

Rechazarte en esas ocasiones que te animas a llamarme por querer seguir la estela de otros abrazos, fugaces -lo sé, despertaré sola-.

Tener el coraje de avanzar por las calles de Barcelona de madrugada buscando tu sombra tras cualquier esquina, perdida -te echo de menos-. 

¿De qué sirve que nos busquemos, si nunca coincidimos tras unas mismas cortinas? Pero... gemir esta noche a tu oído receptivo, es mi único propósito.


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